Cultura de Paz como política pública

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Para poder palpar, sentir y vivir una cultura de paz, necesitamos trabajar en impulsar políticas públicas, las cuales son las respuestas que el Estado otorga a las necesidades de los gobernados, en forma de normas, instituciones, bienes públicos o servicios.

En nuestro Estado de Derecho, ya contamos con políticas públicas en materia de educación, desarrollo social, salud, pero ¿Por qué no incluir la cultura de paz como política pública? Sabemos que no es fácil poner en marcha políticas públicas, hace falta metodología, recursos y procedimientos que involucren a diversos actores.

Si analizamos el árbol de problemas de nuestra sociedad, sabríamos por deducción que la solución es trabajar y fomentar los valores, promover el respeto a la vida, el fin de la violencia y la promoción y la práctica de la no violencia por medio de la educación, el diálogo y la cooperación; es satisfacer las necesidades de desarrollo y protección del medio ambiente, por todo esto, es tan importante la Cultura de Paz.

La inclusión de la Cultura de Paz como política pública, lograría cambios concretos que beneficiaría a amplios sectores de la población.

Por lo que debemos ver a México como un firme creyente de la solución pacífica de los conflictos, un Estado que se adhiere a los principios de libertad, justicia, democracia, tolerancia, solidaridad, cooperación, pluralismo, diversidad cultural, diálogo y entendimiento a todos los niveles de la sociedad.

La exposición de motivos de la Declaración Sobre una Cultura de Paz, emitida por la UNESCO en 1999, “puesto que las guerras nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben erigirse los baluartes de la paz”, … reconociendo que la paz no sólo es la ausencia de conflictos, sino que también requiere un proceso positivo, dinámico y participativo en que se promueva el diálogo y se solucionen los conflictos en un espíritu de entendimiento y cooperación mutuos, reconociendo la necesidad de eliminar todas las formas de discriminación e intolerancia, incluidas las basadas en la raza, el color, el sexo, el idioma, la religión, la opinión política o de otra índole, el origen nacional, étnico o social, la propiedad, las discapacidades, el nacimiento u otra condición.

Por lo anterior, ¿por qué no nos adherimos a la misma, con la finalidad de promover y fortalecer una cultura de paz?

El reto de México y del resto de la humanidad es crear las condiciones necesarias que favorezcan la transición de una cultura de violencia a una cultura de paz, y la construcción en el espíritu de los hombres de la defensa de la paz.

La Cultura de paz es, en definitiva, una cultura de la armonía social fundada en los principios de: Libertad, Justicia, Democracia, Tolerancia y Solidaridad que rechaza la violencia. Procura prevenir las causas de los conflictos en sus raíces y dar solución a los problemas mediante el diálogo y la negociación. Garantiza a todos el pleno ejercicio de todos los derechos y los medios para participar plenamente en el desarrollo de su sociedad.

Las políticas públicas, son un campo de abordaje interdisciplinario, aquí la ciencia política, la administración pública, el derecho, la economía deberán de dialogar para analizar, diseñar, planear, evaluar e implementar acciones gubernamentales y si realmente lo hacen, verán los beneficios económicos, culturales y sociales que traen consigo fomentar una cultura de paz.

El no hacer nada o dejar pasar sin querer ver la realidad en un problema agudo, constituye de alguna manera una decisión política.

La Guardia Nacional no será suficiente para restablecer la tranquilidad, también será necesario implantar una cultura de paz.

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