Libertad de expresión en la 4T

A los periodistas que trabajan por la libertad y la independencia

 

Si algo ha caracterizado al actual presidente de México, son sus ataques directos a los medios de comunicación a lo largo de los 18 meses de su sexenio, período en el que ha los ha llenado de calificativos y diatribas, especialmente durante sus diarias conferencias matutinas en Palacio Nacional.

 

Sin duda es algo inédito. Ningún presidente de la República había ocupado tanto tiempo para denostar a la prensa mexicana, a la que ha divido con su retórica entre los que lo critican y quienes lo defienden.

 

No solamente cuestiona y ataca a la prensa nacional sino también a la internacional, especialmente cuando publican algún reportaje de investigación adverso al desempeño de su régimen.

 

Este domingo se conmemoró el Día de la Libertad de Expresión en México, fecha que antaño se usó para mostrar la “buena” relación entre el gobierno y la prensa mexicana, basada por muchos años en premio o castigo.

 

En la actualidad se vive una etapa tan crítica como cuestionadora por parte de la Presidencia de la República, quien no solo ha disminuido drásticamente el presupuesto público destinado a los Medios de Comunicación, sino que en reiteradas ocasiones se les coloca en la hoguera de la retórica presidencial.

 

Uno de los momentos más álgidos registrados en octubre del año pasado, cuando se dio el fallido operativo de captura y liberación de Ovidio Guzmán, hijo del narcotraficante Joaquín Guzmán Loera “El Chapo”.

 

En aquella ocasión el presidente López Obrador soltó la siguiente frase ante los cuestionamientos mediáticos por las contradicciones de la Secretaría de Seguridad Pública: “Le muerden la mano a quien les quitó el bozal”.

 

El presidente diría al respecto que “no hace mal el que brote la ruda franqueza, aunque estemos en el altiplano y no en el trópico, hace bien, siempre ayuda”.

 

El 22 de abril (solo para recordar una de tantas fechas) el presidente López Obrador “agradeció” en su cotidiana conferencia de prensa que “haya bajado la difusión de las noticias falsas, ya sea porque se les está acabando el dinero (para pagar bots) a sus opositores o porque quieren actuar de manera más responsable o porque se les está revirtiendo… como que tiene un efecto de búmeran, ya no hay tanta”.

 

Ese día afirmó que el periodismo mexicano está muy cercano al poder económico y muy distante del pueblo…Y muy lejos de ser objetivo y ético”.

 

Para López Obrador en México no existe un periodismo profesional e independiente.

 

En este escenario las redes sociales también actúan y construyen tendencias como “#PrensaProstituida”, “#PrensaChayotera” o “#PrensaSicaria”, en tanto que también se generan cientos y en ocasiones miles de ataques en contra de periodistas y comunicadores que cuestionan en sus publicaciones o programas al actual régimen gubernamental.

 

Los calificativos presidenciales van desde la denominación “hampa del periodismo”, “prensa conservadora”; “prensa fifí”; “chayoteros”, “maiceados”, entre algunas expresiones despectivas.

 

En un comunicado el presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), Christopher Barnes, refirió que si bien el periodismo como cualquier otra actividad está abierta a la crítica, “el sesgo autoritario, ideológico y despectivo con el que López Obrador ataca a los medios, puede motivar a aquellos individuos que solo necesiten una excusa para generar violencia y atacar físicamente a los periodistas y medios”.

 

Agregó el presidente de la ISP que “En un país con altos índices de violencia, la actitud presidencial es como tirar gasolina al fuego”.

 

La preocupación para el dirigente de la Sociedad Interamericana de Prensa no es para menos. Durante la administración del presidente Enrique Peña Nieto fueron asesinados 47 periodistas, mientras que en lo que va del actual gobierno de la Cuarta Transformación han sido asesinados 15 (en solo año y medio).

 

Si ejercer el periodismo en un país como México en donde la violencia no ha sido controlada y menos aun erradicada, sino que crece exponencialmente a pesar de la pandemia que lacera al país, exponer a los medios de comunicación al linchamiento social es, por decir lo menos, tan imprudente e irresponsable como preocupante.

 

Lejos de garantizar mecanismos jurídicos y organismos independientes que garanticen el ejercicio de la libertad de expresión, el presidente de la República ha tomado la conducta personal e institucional de denostar al ejercicio profesional de informar de los medios de comunicación.

 

En este contexto se conmemoró este domingo el Día de la Libertad de Expresión, un momento para reflexionar que el ejercicio de la prensa no es para atacar o defender a un gobierno, sino para constituirse en el contrapeso de las decisiones de los poderosos.

 

Todo gobierno, indistintamente de su sello ideológico o partidista, siempre tratará de seducir a la prensa, de “domarla”, someterla o comprarla. Ningún gobernante escapa a esta tentación y hoy no es la excepción.

 

La prensa no debe ser aliada o enemiga de los gobiernos, sino observadora de la función pública y crítica del poder en turno. Incomoda, pero esa es su función, les guste o no, lo acepten o no.

 

Al tiempo.

 

@juangomezac

Código políticoColumnaJuan GómezOpinión